Empujón Fatal puede descalabrarte si no andas con cuidado…

¡Hola a todos, bienvenidos de nuevo al blog de Rules Tips en Español!

Si leéis la carta Empujón fatal, veréis que está redactada de una forma un poco más extraña de lo que os esperáis en una carta de este tipo. En vez de estar redactada como Producir asfixia, que sólo puede hacer objetivo a una criatura con coste de maná convertido de 3 o menos, Empujón Fatal puede hacer objetivo a cualquier criatura, pero sólo la destruirá si su coste de maná convertido es de 2 o menos (o 4 o menos, si tienes Revuelta).

¿Qué significa esto? Bueno, pues que puede hacer objetivo a cualquier criatura, no sólo a una criatura con menor coste de maná convertido, pero sólo le hará algo si cuando se resuelve tiene un coste de maná convertido lo suficientemente bajo. Por ejemplo, si tu oponente lanza un Empujón Fatal a tu Tarmogoyf, puedes usar algo como Deflection para cambiar el objetivo del Empujón Fatal a tu Aplastatierra. Se ponga como se ponga, el Empujón Fatal no podrá destruir al Aplastatierra. Esto no funciona con el Producir asfixia, ya que sólo puede hacer objetivo a una criatura de coste de maná convertido de 3 o menos.

Pero no todo es malo. Como el Empujón Fatal puede hacer objetivo a cualquier criatura, puedes aprovecharte de todo lo que haga disparar una habilidad cuando se convierte en objetivo de algo, aunque el Empujón no le vaya a hacer nada. Por ejemplo, si tu oponente tiene una Imagen fantasmal copiando un Aplastatierra, puedes lanzar el Empujón haciéndola objetivo. Aunque el Aplastatierra no vaya a ser destruído por el Empujón, como la Imagen ha sido objetivo de un hechizo (o habilidad), terminará siendo sacrificada. O puedes hacer objetivo a Anthousa, heroína setessana para que su Heroísmo dispare su habilidad, sin que termine destruída por el Empujón.

Como veis, pequeñas y sutiles diferencias hacen que puedas aprovechar esta carta de maneras que no te esperarías (vamos, aparte de jugarla en tu siguiente torneo de Modern…).

Rules Tip de hoy escrito por Nathan Long y traducido por Patricia Fernández

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